The Hungry Brain (Guyenet)

Comenzaré por el principio, analizando si el título “The Hungry Brain” y el subtítulo “Outsmarting the instincts that make us to overeat” hacen justicia al contenido. En primer lugar, el libro me decepciona por dos motivos. Primero porque el autor, Stephan Guyenet, me parece que ha realizado un buen trabajo de divulgación en nutrición desde su blog, huyendo de posiciones doctrinarias reduccionistas como el movimiento lowcarb (cuyo principal error es reducir la obesidad a un problema dietético y endocrino). Sin embargo en su libro se queda bastante flojo entrando en el terreno de las neurociencias. El segundo motivo, es que el libro es pura deformación académica, y aunque vamos avanzando (el hambre ya no se reduce “al hipotálamo y al termostato”, y la dopamina no es “el neurotransmisor del placer”), Guyenet ofrece poco más que los ganglios basales, con alguna muy breve mención a otros procesos neurofisiológicos, cognitivos y relativos al aprendizaje. El principal punto débil de Guyenet es el de toda la generación cientificista: academia sin suficiente conocimiento clínico que acaba en un ejercicio de desintegración y reduccionismo basado en la hebidencia.

Respecto al título “The Hungry Brain”, Guyenet falla precisamente en explicar lo más relevante a nivel clínico: qué es el hambre en humanos, qué tipos existen, o qué lo refuerza (además del hedonismo y la disponibilidad). Por contra ofrece un montón de estudios en ratones que explican procesos simples, pero por desgracia, el hambre en humanos es un proceso notablemente más complejo que en ratones. Guyenet falla en entender la construcción del hambre que existe detrás de la necesidad fisiológica que propone, y ni menciona determinantes fundamentales del hambre a nivel psicosocial, o el papel del refuerzo negativo en el hambre. De hecho, parece confundir o mezclar la aversión por condicionamiento clásico con el refuerzo negativo (p. 44). Tampoco explica la relación fundamental entre emociones y “hambre”, el hambre aprendida antes distintas señales (hay interesantes estudios con amnesia), y en general el concepto de aprendizaje. Curiosamente, tampoco hace un gran repaso de la neurobiología o endocrinología en este libro. De salud pública, para variar, prácticamente nada. También comete otros fallos, como pensar que el efecto de las drogas se debe a refuerzo positivo (p 53), que la adicción está determinada por el sistema dopaminérgico y por eso la gente tiene incluso leves adicciones a la cafeína. Tesis neuroreduccionistas de gente como David Eagleman, o el propio Guyenet, que fallan en entender el refuerzo negativo. El siguiente problema viene con el subtítulo “Outsmarting the instincts that make us overeat”, con el que parece que va a ofrecer soluciones clínicas a lo que él llama “los instintos”, y sin embargo, a lo largo del libro se muestra incapaz de ofrecer orientación alguna. Aquí deja expuesta su falta de conocimiento clínico para abordar la obesidad desde un neurocientificismo académico bastante superficial. 

El libro peca en mi opinión de exceso de academicismo. Guyenet ha preguntado a decenas de científicos notables (Berridge por ejemplo) uno detrás de otro para escribir su libro, pero ha sido incapaz de consultar a alguien que le de algún tipo de orientación clínica al mismo,trasladando la realidad detrás de los TCA o del manejo clínico del paciente obeso. Por ejemplo, la discutida adicción a los alimentos puede verse en cualquier consulta de nutrición, incluso desconociendo todo criterio académico de adicción o dependencia. El problema con el término adicción que se maneja en la academia es su insustancialidad, puesto que prevalece un criterio categorial absurdo, como sucede con el manual de psiquiatría DSM, frente a una realidad dimensional y puramente clínica de los problemas y de las personas que los padecen. La academia peca de anteponer lo nominal, lo retórico y lo categorial a la realidad clínica. El resultado de todo ello, es que Guyenet tras analizar los aspectos académicos que el considera más relevantes en la obesidad, se ve incapaz de saber que hacer con todo eso, y solo dedica unas cuantas páginas (exactamente 13) en el último capítulo del libro a decir literalmente que “hay que dormir mejor”, “hacer deporte”, “cuidar el estrés”, y “comer alimentos no procesados”. Esto deja clara la poca substancia del libro.

Por otro lado, el libro en sí no son muchas páginas (237), que se quedan en muchas menos quitando los abundantes gráficos, notas y dibujos. Podría ser más que suficiente si se hace un buen ejercicio de síntesis y se sabe separar lo fundamental de lo accesorio. Sin embargo, Guyenet nos ofrece un libro disperso, con capítulos tan heterogéneos como el estrés o el sueño, o dedicando un espacio incomprensible a temas como la evolución de los ganglios basales en la lamprea. Todo esto debería hacerse si se ha cubierto primero el propósito fundamental del libro, que debería ser la relación entre el sistema nervioso y la conducta de ingesta en la obesidad. Mi impresión es que Guyenet ha ofrecido pequeñas pinceladas aquí y allá sobre cosas tan distintas como biología comparativa, antropología, la influencia del sueño en la ingesta, o la historia de como se sucedieron distintos hallazgos de laboratorio, desde los ratones OB, etc. 

Lo que llevo leyendo sobre neurobiología de la obesidad de un tiempo a esta parte me parece el equivalente neurocientífico a las hipótesis colesterofílicas de la salud cardiovascular. Academicismo totalmente desorientado. Cualquier decisión en el sistema nervioso está bajo la influencia de múltiples sistemas, y la excitación o inhibición que acaben en un efector común es determinado por tanto desde múltiples sistemas en múltiples niveles. Quien de todo esto se quede con “hipotalamo” “nucleo accumbens” “POMC” “NPY” y “dopamina”, tiene una falsa comprensión de los determinantes de la conducta alimentaria y la obesidad. Está bien para presumir en redes sociales, pero poco más. En otros capítulos nos encontramos que, por supuesto, estrés es “amígdala” y “HPA”, y tenemos un cerebro con sistema 1 y sistema 2. Un poco de neurociencia pop siempre viene bien.

El libro referencia poco más de 200 estudios, haciendo un repaso casi cronológico por la historia de los distintos laboratorios en el descubrimiento de estas hormonas. La mayor parte de los estudios ofrecidos son realizados en ratones, lo que deja claro que los nombres anatómicos y las moléculas son más importantes que lo clínicamente relevante para la salud de la población o para la consulta clínica ante un paciente obeso. El hambre en las personas es muy diferente al hambre en los ratones, la utilidad de todo esto es más que cuestionable. Sin embargo, el recorrido científico propuesto en el libro tiene valor e interés para las personas poco familiarizadas con la evolución del estudio neurobiológico de la obesidad. También cuenta un par de anécdotas de puñaladas entre científicos para publicar los hallazgos a su nombre excluyendo a sus compañeros, que siempre me encantan.

Mi impresión general es que Guyenet debería haber reposado más este trabajo, y debería haberle dado una mayor perspectiva clínica. Al fin y al cabo, ya hay una burbuja de PDFs hablando sobre el papel de la leptina o la dopamina en términos académicos, insustanciales todos ellos para la clínica. Y aquí Guyenet no aporta nada nuevo. Lo interesante hubiera sido trasladar toda esa academia a un nivel clínico. No creo que un solo nutricionista o lector con obesidad saque mucho de este libro. Es problemática esta filia académica sin utilidad clínica que suprime toda comprensión a nivel de determinantes de salud pública. Por desgracia, hace mucho que la ciencia está dirigida por la retórica académica y no por lo relevante a nivel clínico y de salud pública.

Es leible, pero poco más. Que nadie espere entender la relación entre sistema nervioso y obesidad, o la conducta del paciente con obesidad a nivel clínico con este libro.

5/10